sábado, 5 de septiembre de 2020





REGRESO A LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL
De: El Libro de los Espíritus
Autor: Allan Kardec
Versión castellana y comentarios exegéticos:
Giuseppe Isgró C.

El Espíritu después de la desencarnación; su individualidad. Vida eterna. Separación del Espíritu del cuerpo. Turbación espiritual.                                                                                             
EL ESPÍRITU DESPUÉS DE LA DESENCARNACIÓN

1. En qué se transforma el Espíritu en el instante de la desencarnación?
En Espíritu, que ya libre de los lazos de la materia, regresa a la dimensión espiritual.
2. Conserva el Espíritu su individualidad después de la separación del cuerpo?
-“Sí, jamás la pierde; de otra manera, qué sería el Espíritu?
Cómo hace el Espíritu, no teniendo más el cuerpo material, a reconocer su individualidad?
-“Si no tiene el cuerpo físico, conserva, empero, el fluídico, que había adquirido de la atmósfera de su planeta, el cual conserva la figura de la última encarnación: es su alma o periespíritu”-.
Además del alma, el Espíritu no lleva nada más de la dimensión física?”-.
-“Nada más que el deseo de un mundo mejor y el recuerdo de éste, todo dulzura o amargura, según las obras de su vida. Cuanto más haya sido su vida pura, tanto más comprende la vanidad de lo que deja sobre la tierra”-.
3. Cómo se debe entender la opinión, según la cual el Espíritu después de la desencarnación vuelve a entrar en el Todo universal?
–“Que el conjunto de los Espíritus forma un todo, constituye un mundo. Cuando intervenís en una asamblea, sois parte integrante de la misma, pero, siempre conserváis vuestra individualidad”-.
4.     Podemos tener pruebas de la individualidad después de la desencarnación?
-“Y, no la tenéis, acaso, en nuestras comunicaciones? Si mirad bien, veréis, y, si prestad atención, oiréis, por cuanto, con frecuencia os habla una voz, que os revela la existencia de un ser diferente de vosotros mismos”-.
Quienes piensan que con la desencarnación el Espíritu vuelve a entrar en el Todo universal, yerran si entienden que, a semejanza de una gota de agua que cae en el océano, él pierde su individualidad; empero, dicen la verdad si entienden por el Todo universal el conjunto de los seres incorpóreos, del cual cada Espíritu es un elemento.
Si los Espíritus estuviesen reintegrados en la masa, tendrían las cualidades del conjunto, en cuyo caso nada le distinguiría entre uno y otro. Ellos carecerían de inteligencia y de cualidades propias; mientras que, en todas las comunicaciones, nos dan prueba de tener la conciencia del yo y una diferenciada voluntad; la variedad infinita que presentan bajo todo respecto es consecuencia de personalidad innegable. Si después de la desencarnación hubiese, de verdad, este gran Todo absorbedor de la individualidad, sería uniforme, y entonces, todas las comunicaciones espirituales resultarían idénticas. Empero, por cuanto de hecho nos permiten comprender que provienen de seres buenos y malos, doctos e ignorantes, felices e infelices, alegres y tristes, serios y ligeros, está claro que estas comunicaciones provienen de entes espirituales que conservan su individualidad y su conciencia. Esto resulta todavía más evidente cuando prueban su identidad con signos incontrovertibles y con particularidades personales relativas a su vida terrestre, las cuales pueden verificarse, lo cual se vuelve incontrastable cuando se manifiestan a la vista en las apariciones, La individualidad del Espíritu nos era enseñada, en teoría, como un artículo de fe; el Espiritismo la demuestra de un modo evidente y positivo.
5. Qué se debe entender por vida eterna?
-“La vida del Espíritu, por cuanto la del cuerpo es transitoria y pasajera. Cuando el ser humano desencarna, el Espíritu –eterno e inmortal- regresa a la dimensión espiritual”-.
No sería más exacto llamar vida eterna la de los Espíritus puros, que, habiendo alcanzado el supremo grado de perfección relativa, no tienen más pruebas por las que pasar?
-“Ésta sería, más bien, la felicidad eterna. Empero, ésta es siempre cuestión de palabras; llamad las cosas como queráis, si con ello lográis entenderos”-.
SEPARACIÓN DEL ESPÍRITU DEL CUERPO
6. Es dolorosa la separación del Espíritu del cuerpo?
-“No; el cuerpo sufre, frecuentemente, mucho más durante la vida que en el instante de la desencarnación. El Espíritu, sin embargo, no participa en modo alguno a aquellos dolores; más bien, si es bueno, goza, por cuanto le anuncian el fin de su exilio”-.
En la desencarnación por causas naturales, que avienen por el agotamiento de los órganos a consecuencia de la edad, el ser humano deja la vida física sin darse cuenta: es como una lámpara que se apaga por falta de corriente eléctrica.
7. Cómo ocurre la separación del Espíritu del cuerpo?
-“Rotos los ligámenes, que le retenían, el Espíritu se separa del cuerpo”-.
La separación se produce instantáneamente sin preparación? Existe un límite claramente fijado entre la vida y la ausencia de ella?
-“No: el Espíritu se desvincula gradualmente, y no escapa como un pájaro cautivo restituido inesperadamente a la libertad. La vida va confundiéndose con la ausencia de ella, por cuanto el Espíritu se libera poco a poco de los lazos, que se desatan, sí, pero no se rompen”-.
Mientras dura la vida, el Espíritu se encuentra ligado al cuerpo mediante su envoltura semi-material, periespíritu –o alma-; la desencarnación conlleva la destrucción o transformación del cuerpo y no del periespíritu, que se separa cuando en aquel cesa la vida orgánica. La observación enseña, que en el instante de la desencarnación la separación del periespíritu no se efectúa de una sola vez, sino gradualmente y con mayor o menor lentitud según las personas; en algunos es muy rápido, y a un día próximo a la desencarnación se encuentra también el de la liberación; en otros, y especialmente en aquellos cuya vida fue toda materia y sentidos, es mucho más lento, pudiendo durar días, semanas, y también meses, la cual cosa no implica, en el cuerpo, la mínima vitalidad, ni la posibilidad de un regreso a la vida, sino una simple afinidad entre el cuerpo y el Espíritu, afinidad siempre en razón de la preponderancia que, durante la vida, el Espíritu ha concedido a la materia. Está claro y es lógico que, cuanto más el Espíritu se identificó con la materia, tanto más rehúse a separarse; mientras la actividad intelectual y moral y la elevación de los pensamientos hacen sí que el desprendimiento se inicie mientras el cuerpo se encuentre, todavía, en vida, por lo que, ocurrida la desencarnación, aquel se cumple casi instantáneamente.
Esto es el resultado de los estudios de gran número de personas observadas en el instante del traspaso. Estas observaciones prueban, por otra parte, que la afinidad persistente en algunos, todavía perdurable entre el Espíritu  y el cuerpo  extinto es penosísima, por cuanto aquel puede probar el horror de la descomposición de éste. Un tal caso, empero, constituye una excepción, y es particular a ciertos géneros de vida y a algunas variantes de desencarnaciones; se tenía, por ejemplo, en algún tipo de desencarnación auto-provocada.
8. La separación definitiva del Espíritu del cuerpo, puede ocurrir antes de que cese completamente la vida orgánica?
-“En la agonía, el Espíritu alguna vez ya ha dejado el cuerpo, por lo cual a éste no le queda más que la vida orgánica. El ser humano, entonces, no tiene más consciencia de sí mismo, aunque, todavía, le queda un soplo de vida. El cuerpo es una maquina puesta en movimiento por el corazón, por lo cual existe hasta cuando el corazón hace circular la sangre en las venas, para cuya función no tiene necesidad de Espíritu”-.
COMENTARIO EXEGÉTICO GIC.

Mientras existan signos vitales, vida orgánica, aunque la persona se encuentre inconsciente, es indicio de que, aún, el Espíritu se encuentra unido al cuerpo en determinado grado, aunque los lazos que unen al Espíritu con el cuerpo, mediante el alma, -periespíritu-, hayan comenzado a soltarse, -no a romperse-.
El Espíritu suele emanciparse del cuerpo tan pronto se adormezcan los sentidos físicos, y con el desdoblamiento del Espíritu, el cuerpo duerme, pero mantiene las funciones vitales.
Empero, tan pronto se suelten los lazos del alma, -periespíritu-, que unen al Espíritus con el cuerpo, cesan, automáticamente, todos los signos vitales, toda la vida orgánica, evidencia clara de la desencarnación del Espíritu.
En algunos casos, el apego del Espíritu a la materia es tan grande que, la desencarnación requiere de un largo proceso antes de que se suelten los ligamentos -del Alma, o periespíritu-, que unen al Espíritu con el cuerpo de turno.
En los Espíritus de elevada conciencia, con desapego correcto de la materia, los lazos de unión se sueltan con facilidad.
Recordemos que el ser, en los cuatro reinos naturales, fundamentalmente está formado por el Espíritu, el Alma, o periespíritu, y el cuerpo. La ley cósmica es una, y rige en los cuatro reinos naturales, en semejante modo, adaptado a las particularidades de cada especie.
9. En el instante de la desencarnación el Espíritu, tal vez, no tiene una aspiración o éxtasis, que le hace entrever el mundo que le espera?
-“Frecuentemente el Espíritu, al aflojarse los ligámenes que les unen al cuerpo, hace todos los esfuerzos posibles para romperlos del todo, y entonces, ya suelto en parte de la materia, ve desenvolverse delante  el porvenir y goza, anticipadamente el estado de Espíritu libre”-.
10.                El ejemplo del gusano, que primeramente se arrastra por el suelo, y después, convertido en crisálida, en estado de vida latente, regresa a la existencia como espléndida mariposa, puede darnos una idea de la vida terrestre, de la que sigue a la desencarnación y de nuestra nueva vida?
-“En pequeño sí, por cuanto la comparación no es mala; empero, tened en cuenta, después, de no tomarlo a la letra, como con mucha frecuencia os sucede”-.
11.                Cuál sensación prueba el Espíritu, cuando se reconoce en el mundo de los Espíritus?
-“Según los casos: si tiene conciencia de haber hecho el mal, se encuentra todo avergonzado y doliente; si, en cambio, tuvo la oportunidad de vivir virtuosamente, experimenta la sensación de ser aliviado de un gran peso, y goza sin temor de ninguna mirada escrutadora”-.
12.                El Espíritu reencuentra a quienes ha conocido en la tierra, y que han desencarnado antes que él?
-“Sí, según el afecto que él tenía por ellos, y de acuerdo al que ellos tenían por él. Frecuentemente, de sus seres queridos, ya desencarnados, algunos vienen a recibirlo a su reingreso en la patria común, y le ayudan a despojarse del involucro material. Él,  además, reconoce a muchos otros de quienes había perdido los rastros durante su estadía en la tierra: ve aquellos que se encuentran en la dimensión espiritual, y va a visitar a quienes, aún, se encuentran encarnados”-.
13.                En caso de desencarnación por causa violenta o accidental, cuando los órganos no se encuentran aún debilitados por la edad, o por ausencia de salud, la separación del Espíritu y la cesación de la vida física acontecen al mismo tiempo?
-“En general sí: empero, en todo caso, el instante que le separa es brevísimo”-.
14.                Después de la decapitación, por ejemplo, -conserva la persona, aún por poco tiempo, la conciencia de sí misma?
-“Hasta que la vida orgánica se haya extinguido. Frecuentemente, la aprensión de la desencarnación le hace perder aquel sentimiento mucho antes del suplicio”-.
Aquí se habla de conciencia, que el ajusticiado puede tener de sí mismo como hombre, por vía de los órganos, y no ya como Espíritu. Por lo cual, parece que, si no la ha perdido antes del suplicio, puede conservarla, aún, algún breve momento después, empero, cesa, necesariamente, con la vida orgánica del cerebro, la cual cosa, todavía, no implica que el periespíritu –o alma-, se haya soltado en absoluto del cuerpo. Ocurre, más bien, lo contrario en todos los casos de desencarnación violenta, es decir, no provocada por la progresiva consumación de las fuerzas vitales, donde los ligámenes que unen el cuerpo con el periespíritu son más tenaces, lo que determina que sea más lenta la separación completa.
EL ESPÍRITU TIENE LA CONCIENCIA
15.                El Espíritu tiene conciencia de sí inmediatamente que haya dejado el cuerpo?
-“Inmediatamente no; él permanece por algún tiempo en una especie de turbación”-.
16.                Experimentan todos los Espíritus, en el mismo grado y  en igual duración, la turbación que sigue a la separación del Espíritu del cuerpo?
-“No: Esto depende de la diversidad de su elevación. El ser virtuoso se reconoce casi inmediatamente, por cuanto ya se emancipó de la materia durante la vida del cuerpo, mientras que el ser sensual, cuya conciencia no es pura, conserva más largamente la impresión de la misma”-.
17.                El conocimiento del Espiritismo tiene alguna influencia sobre la duración más o menos larga de la turbación?
-“Peso grandísimo, por cuanto el Espíritu conocía ya su futura condición; empero, más que ninguna otra cosa, abrevian esta duración una conciencia pura y la práctica del bien”-.
En el momento del traspaso todo es confuso, y el Espíritu precisa algún tiempo para reconocerse; él se encuentra aturdido, como en el estado de quien sale de un profundo sueño, que busca darse cuenta de su condición. La lucidez de las ideas y la memoria del pasado le regresan  a medida que se va borrando la influencia de la materia, de la cual se ha soltado, disipándose aquella especia de neblina que vela los pensamientos.
La duración de la turbación, que sigue a la desencarnación, es variabilísima: puede ser de alguna hora, como de varios meses o años. Es menos larga para aquellos que ya en vida se han compenetrado al estado futuro, por cuanto, apenas se encuentran allí, lo comprenden inmediatamente.
La turbación espiritual ofrece circunstancias particulares, según el carácter de las personas, y sobre todo según el género de la desencarnación. En aquellas violentas, por auto-determinación, por suplicio, por accidente, por heridas, y similares, el Espíritu es sorprendido; lleno de estupor, no cree de encontrarse en la dimensión espiritual, y lo niega con obstinación; ve su cuerpo, sabe que es el suyo y no comprende que se ha separado; va cerca de las personas que ama, les habla, y desconoce la razón por la cual no le escuchan. Esta ilusión dura hasta la perfecta separación del periespíritu. Solamente entonces el Espíritu se reconoce, y comprende que no hace más parte de los vivos, -en la dimensión física. Un fenómeno de tal naturaleza se explica fácilmente. Sorprendido, de repente, por la desencarnación, el Espíritu está aturdido por el brusco cambio que se ha efectuado en él. Él, como ordinariamente suele ocurrir, creía que la desencarnación fuese sinónimo de destrucción, de anulación: ahora, por cuanto él piensa, ve, siente, no comprende de haber desencarnado. Acrecienta el engaño el hecho de verse en un cuerpo símil al precedente en la forma, cuya naturaleza etérea él no ha tenido tiempo, aún de percibir; él lo cree sólido y compacto como el primero; y, cuando alguna cosa llama su atención sobre este punto, se maravilla de no poderse tocar. Este fenómeno es análogo al de los sonámbulos, quienes desde el principio están persuadidos de no dormir. Para ellos el sueño equivale a supresión de las facultades: ahora, por cuanto piensan libremente, y ven, están persuadidos de no dormir. Algunos Espíritus presentan esta particularidad, aunque la desencarnación no le haya tomados por sorpresa; empero, ella es más común en aquellos que, si bien con ausencia de salud, no piensan en la desencarnación. Se ve, entonces, el singular espectáculo de un Espíritu, que asiste a su funeral como al de un extraño, y discurre como de algo que no le concierne, hasta que llega a comprender la verdad.
La turbación que sigue a la desencarnación no tiene nada de penosa para la persona de bien: es serena y en todo similar a la que acompaña un plácido despertar. Para el malvado, al contrario, es plena de ansiedad y de angustia, las cuales aumentan a medida que él adquiera la cognición de sí mismo.
En los casos de desencarnación colectiva se ha observado que no todos aquellos que desencarnan conjuntamente se vuelven a ver siempre enseguida. En la turbación que sigue al traspaso, cada quien va por su propia vía, o se cuida únicamente de aquellos seres que les son más queridos.

sábado, 10 de mayo de 2014

Necesidad del trabajo. Límite del trabajo. Descanso.


Capítulo XVIII
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
Versión castellana: Giuseppe Isgró C.


LEY DE TRABAJO

Necesidad del trabajo. Límite del trabajo. Descanso.

1. La necesidad del trabajo es una ley de la naturaleza?
-“El trabajo es una ley de la naturaleza por constituir una necesidad y la civilización obliga al ser humano a trabajar más para satisfacer sus crecientes necesidades y facilitarle el goce inherente a sus frutos”-.
2. Por trabajo se debe entender únicamente lo relativo a las ocupaciones materiales?
-“No: el Espíritu trabaja al igual que el cuerpo. Trabajo es cualquier ocupación útil”-.
3. Por qué fue impuesto al ser humano el trabajo?
-“Porque es una consecuencia de su naturaleza corpórea: sirve para la depuración, y al mismo tiempo es un medio para perfeccionar su inteligencia. Sin él, el ser humano quedaría en la infancia intelectual: es necesario, por lo tanto, que él provea su nutrición, seguridad y bienestar por su propio trabajo y actividades conexas. A quien es menos fuerte físicamente, Dios le ha otorgado, en compensación, la fuerza del intelecto; pero, también la actividad mental es un trabajo”-.
4. Por qué, entonces, los animales no trabajan, y a sus necesidades provee la naturaleza?
-“Todo trabaja en la naturaleza. Los animales trabajan al igual que vosotros; pero su trabajo, como la inteligencia, se limita a su propia conservación: los niveles de progreso, en cada uno, se rigen por características propias. En el ser humano, el trabajo tiene una doble finalidad: además de la conservación del cuerpo, se lleva a cabo el desarrollo de su pensamiento, que constituye en sí, también, una necesidad. En los animales, su trabajo se limita a su conservación, empero, sin ellos saberlo, mientras proveen a sus necesidades materiales, secundan, también, los designios del Creador, y su trabajo concurre en no menor grado que el vuestro al objetivo final de la naturaleza, si bien, con frecuencia, el resultado precisa su tiempo para que os sea evidente”-.
5.  Está sujeto, el ser humano, a la misma necesidad de trabajo también en los mundos más desarrollados que el nuestro?
-“La calidad del trabajo es relativa a la de las necesidades: en donde éstas son menos materiales, lo es, también, menos material, el trabajo. Pero, no vayáis a creer, por esto, de que el ser humano quede inerte y sin utilidad: el ocio sería un suplicio más que un premio”-.
6. El ser humano que tiene bienes de fortuna suficientes para asegurarse la subsistencia, -se encuentra  exonerado de la ley del trabajo?
-“Podría estarlo por la del trabajo material, pero no de la obligación de rendirse útil según sus propias fuerzas y de perfeccionarse, dando, al mismo tiempo, su aporte al perfeccionamiento de los demás. Esto también es trabajo. Si el ser humano al cual Dios –por la ley cósmica y como salario cósmico- ha permitido el acceso a bienes de fortuna que les sean suficientes para asegurarse la subsistencia, no se encuentra precisado para realizar trabajo físico alguno, está tanto más obligado a emplearse en beneficio de sus semejantes, por cuanto su cómoda posición le proporciona mayor posibilidad de hacer el bien”-.
7. Existen seres humanos cuya ineptitud para cualquier tipo de trabajo le rinda inútil la propia existencia?
-“Dios, en su justicia, no condena sino a quien vegeta en voluntaria inutilidad, por cuanto vive a costo del trabajo ajeno. Pero, Él quiere que cada ser se rinda útil en proporción de las propias fuerzas”-. (Ver Nº 643).
8.  La ley de la naturaleza impone a los hijos la obligación de trabajar por sus padres?
-“De la misma manera como impone a los padres la obligación de trabajar por los hijos. Dios ha hecho que el amor filial y el amor paterno fuesen sentimientos naturales, para que, por el afecto recíproco, los miembros de una misma familia sintiesen el anhelo de ayudarse recíprocamente; empero, esta ley de recíproca ayuda precisa ser atendida con mayor atención por vuestra sociedad”-.
LÍMITES DEL TRABAJO. DESCANSO.
9. El descanso, que es una necesidad después del trabajo, es, también, una ley de la naturaleza?
-“Sin duda alguna: sirve para resarcir las fuerzas del cuerpo, y es, también, necesario a la mente para que tenga el tiempo para instruirse, y, así, poderse elevar por encima de la materia”-.
10.            Cuáles son los límites del trabajo?
-“Los de las propias fuerzas: del resto, Dios deja al ser humano en libertad”-.
11.            Cómo es juzgado quien abusa de su propia autoridad para imponer a sus dependientes un exceso de trabajo?
-“Es una acción indebida. Quienquiera que tenga la autoridad de dirigir, es responsable del exceso de trabajo impuesto a sus cooperadores, por cuanto, este procedimiento transgrede la ley de Dios”-. (Ver Nº 273).
12.            Tiene, el ser humano, derecho al descanso, a una determinada edad?
-“Sí, por cuanto la obligación del trabajo es relativo a las propias fuerzas”-.
A quién corresponde de asistir a la persona de edad avanzada, que requiere trabajar para vivir, pero que no puede hacerlo?
-“El fuerte debe trabajar para el que precisa de fuerzas; la sociedad debe constituir la familia para quien carezca de ella: esta es la ley de la bondad”-.
No es suficiente decir al ser humano que debe trabajar; es necesario que quien se gana su sustento con el propio trabajo encuentre la manera de realizarlo. Cuando el trabajo escasea, en forma generalizada, esta situación se convierte en un flagelo para la sociedad, -propiciando la carencia de bienes y servicios, o el poder adquisitivo para adquirirlos-. La ciencia económica va buscando la solución para crear el equilibrio entre la producción y el consumo; pero este equilibrio, aunque se admita como posible, tendrá siempre determinadas intermitencias, y en los intervalos de estos ciclos económicos –recesión-contracción-recuperación-expansión- el trabajador precisa sustentarse. Existe un elemento que requiere ser tomado más en cuenta en el balance, sin el cual, la ciencia económica no sería más que una simple teoría: la educación; no solamente  la educación intelectual, sino la moral, y no tanto la educación moral teórica, sino aquella que consiste en el arte de formar los caracteres, la que forja las costumbres de los pueblos, por cuanto la educación es el conjunto de los hábitos adquiridos. Cuando se piensa a la masa de individuos que, cada día, se introducen en el torrente de la población, sin principios, sin freno, y abandonados a sus instintos, deben sorprendernos las lamentables consecuencias que se derivan de ello? Cuando este arte sea reconocido, comprendido y practicado, el ser humano adoptará, en la sociedad, costumbres ordenadas y de prudente previsión para sí y para los suyos, así como de respeto para todo lo que es respetable, hábitos que les permitirán superar exitosamente los inevitables días de adversidad. El orden y la previsión son dos virtudes que únicamente la educación bien entendida puede robustecer: este es el punto de partida, el elemento real del bienestar, la garantía de la seguridad general.



sábado, 15 de febrero de 2014

El Espíritu después de la desencarnación; su individualidad. Vida eterna. Separación del Espíritu del cuerpo. Turbación espiritual.


Capítulo VII

REGRESO A LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL
De: El Libro de los Espíritus
Autor: Allan Kardec
Versión castellana y comentarios exegéticos:
Giuseppe Isgró C.

El Espíritu después de la desencarnación; su individualidad. Vida eterna. Separación del Espíritu del cuerpo. Turbación espiritual.                                                                                             
EL ESPÍRITU DESPUÉS DE LA DESENCARNACIÓN

1. En qué se transforma el Espíritu en el instante de la desencarnación?
En Espíritu, que ya libre de los lazos de la materia, regresa a la dimensión espiritual.
2. Conserva el Espíritu su individualidad después de la separación del cuerpo?
-“Sí, jamás la pierde; de otra manera, qué sería el Espíritu?
Cómo hace el Espíritu, no teniendo más el cuerpo material, a reconocer su individualidad?
-“Si no tiene el cuerpo físico, conserva, empero, el fluídico, que había adquirido de la atmósfera de su planeta, el cual conserva la figura de la última encarnación: es su alma o periespíritu”-.
Además del alma, el Espíritu no lleva nada más de la dimensión física?”-.
-“Nada más que el deseo de un mundo mejor y el recuerdo de éste, todo dulzura o amargura, según las obras de su vida. Cuanto más haya sido su vida pura, tanto más comprende la vanidad de lo que deja sobre la tierra”-.
3. Cómo se debe entender la opinión, según la cual el Espíritu después de la desencarnación vuelve a entrar en el Todo universal?
–“Que el conjunto de los Espíritus forma un todo, constituye un mundo. Cuando intervenís en una asamblea, sois parte integrante de la misma, pero, siempre conserváis vuestra individualidad”-.
4.     Podemos tener pruebas de la individualidad después de la desencarnación?
-“Y, no la tenéis, acaso, en nuestras comunicaciones? Si mirad bien, veréis, y, si prestad atención, oiréis, por cuanto, con frecuencia os habla una voz, que os revela la existencia de un ser diferente de vosotros mismos”-.
Quienes piensan que con la desencarnación el Espíritu vuelve a entrar en el Todo universal, yerran si entienden que, a semejanza de una gota de agua que cae en el océano, él pierde su individualidad; empero, dicen la verdad si entienden por el Todo universal el conjunto de los seres incorpóreos, del cual cada Espíritu es un elemento.
Si los Espíritus estuviesen reintegrados en la masa, tendrían las cualidades del conjunto, en cuyo caso nada le distinguiría entre uno y otro. Ellos carecerían de inteligencia y de cualidades propias; mientras que, en todas las comunicaciones, nos dan prueba de tener la conciencia del yo y una diferenciada voluntad; la variedad infinita que presentan bajo todo respecto es consecuencia de personalidad innegable. Si después de la desencarnación hubiese, de verdad, este gran Todo absorbedor de la individualidad, sería uniforme, y entonces, todas las comunicaciones espirituales resultarían idénticas. Empero, por cuanto de hecho nos permiten comprender que provienen de seres buenos y malos, doctos e ignorantes, felices e infelices, alegres y tristes, serios y ligeros, está claro que estas comunicaciones provienen de entes espirituales que conservan su individualidad y su conciencia. Esto resulta todavía más evidente cuando prueban su identidad con signos incontrovertibles y con particularidades personales relativas a su vida terrestre, las cuales pueden verificarse, lo cual se vuelve incontrastable cuando se manifiestan a la vista en las apariciones, La individualidad del Espíritu nos era enseñada, en teoría, como un artículo de fe; el Espiritismo la demuestra de un modo evidente y positivo.
5. Qué se debe entender por vida eterna?
-“La vida del Espíritu, por cuanto la del cuerpo es transitoria y pasajera. Cuando el ser humano desencarna, el Espíritu –eterno e inmortal- regresa a la dimensión espiritual”-.
No sería más exacto llamar vida eterna la de los Espíritus puros, que, habiendo alcanzado el supremo grado de perfección relativa, no tienen más pruebas por las que pasar?
-“Ésta sería, más bien, la felicidad eterna. Empero, ésta es siempre cuestión de palabras; llamad las cosas como queráis, si con ello lográis entenderos”-.
SEPARACIÓN DEL ESPÍRITU DEL CUERPO
6. Es dolorosa la separación del Espíritu del cuerpo?
-“No; el cuerpo sufre, frecuentemente, mucho más durante la vida que en el instante de la desencarnación. El Espíritu, sin embargo, no participa en modo alguno a aquellos dolores; más bien, si es bueno, goza, por cuanto le anuncian el fin de su exilio”-.
En la desencarnación por causas naturales, que avienen por el agotamiento de los órganos a consecuencia de la edad, el ser humano deja la vida física sin darse cuenta: es como una lámpara que se apaga por falta de corriente eléctrica.
7. Cómo ocurre la separación del Espíritu del cuerpo?
-“Rotos los ligámenes, que le retenían, el Espíritu se separa del cuerpo”-.
La separación se produce instantáneamente sin preparación? Existe un límite claramente fijado entre la vida y la ausencia de ella?
-“No: el Espíritu se desvincula gradualmente, y no escapa como un pájaro cautivo restituido inesperadamente a la libertad. La vida va confundiéndose con la ausencia de ella, por cuanto el Espíritu se libera poco a poco de los lazos, que se desatan, sí, pero no se rompen”-.
Mientras dura la vida, el Espíritu se encuentra ligado al cuerpo mediante su envoltura semi-material, periespíritu –o alma-; la desencarnación conlleva la destrucción o transformación del cuerpo y no del periespíritu, que se separa cuando en aquel cesa la vida orgánica. La observación enseña, que en el instante de la desencarnación la separación del periespíritu no se efectúa de una sola vez, sino gradualmente y con mayor o menor lentitud según las personas; en algunos es muy rápido, y a un día próximo a la desencarnación se encuentra también el de la liberación; en otros, y especialmente en aquellos cuya vida fue toda materia y sentidos, es mucho más lento, pudiendo durar días, semanas, y también meses, la cual cosa no implica, en el cuerpo, la mínima vitalidad, ni la posibilidad de un regreso a la vida, sino una simple afinidad entre el cuerpo y el Espíritu, afinidad siempre en razón de la preponderancia que, durante la vida, el Espíritu ha concedido a la materia. Está claro y es lógico que, cuanto más el Espíritu se identificó con la materia, tanto más rehúse a separarse; mientras la actividad intelectual y moral y la elevación de los pensamientos hacen sí que el desprendimiento se inicie mientras el cuerpo se encuentre, todavía, en vida, por lo que, ocurrida la desencarnación, aquel se cumple casi instantáneamente.
Esto es el resultado de los estudios de gran número de personas observadas en el instante del traspaso. Estas observaciones prueban, por otra parte, que la afinidad persistente en algunos, todavía perdurable entre el Espíritu  y el cuerpo  extinto es penosísima, por cuanto aquel puede probar el horror de la descomposición de éste. Un tal caso, empero, constituye una excepción, y es particular a ciertos géneros de vida y a algunas variantes de desencarnaciones; se tenía, por ejemplo, en algún tipo de desencarnación auto-provocada.
8. La separación definitiva del Espíritu del cuerpo, puede ocurrir antes de que cese completamente la vida orgánica?
-“En la agonía, el Espíritu alguna vez ya ha dejado el cuerpo, por lo cual a éste no le queda más que la vida orgánica. El ser humano, entonces, no tiene más consciencia de sí mismo, aunque, todavía, le queda un soplo de vida. El cuerpo es una maquina puesta en movimiento por el corazón, por lo cual existe hasta cuando el corazón hace circular la sangre en las venas, para cuya función no tiene necesidad de Espíritu”-.
COMENTARIO EXEGÉTICO GIC.

Mientras existan signos vitales, vida orgánica, aunque la persona se encuentre inconsciente, es indicio de que, aún, el Espíritu se encuentra unido al cuerpo en determinado grado, aunque los lazos que unen al Espíritu con el cuerpo, mediante el alma, -periespíritu-, hayan comenzado a soltarse, -no a romperse-.
El Espíritu suele emanciparse del cuerpo tan pronto se adormezcan los sentidos físicos, y con el desdoblamiento del Espíritu, el cuerpo duerme, pero mantiene las funciones vitales.
Empero, tan pronto se suelten los lazos del alma, -periespíritu-, que unen al Espíritus con el cuerpo, cesan, automáticamente, todos los signos vitales, toda la vida orgánica, evidencia clara de la desencarnación del Espíritu.
En algunos casos, el apego del Espíritu a la materia es tan grande que, la desencarnación requiere de un largo proceso antes de que se suelten los ligamentos -del Alma, o periespíritu-, que unen al Espíritu con el cuerpo de turno.
En los Espíritus de elevada conciencia, con desapego correcto de la materia, los lazos de unión se sueltan con facilidad.
Recordemos que el ser, en los cuatro reinos naturales, fundamentalmente está formado por el Espíritu, el Alma, o periespíritu, y el cuerpo. La ley cósmica es una, y rige en los cuatro reinos naturales, en semejante modo, adaptado a las particularidades de cada especie.
9. En el instante de la desencarnación el Espíritu, tal vez, no tiene una aspiración o éxtasis, que le hace entrever el mundo que le espera?
-“Frecuentemente el Espíritu, al aflojarse los ligámenes que les unen al cuerpo, hace todos los esfuerzos posibles para romperlos del todo, y entonces, ya suelto en parte de la materia, ve desenvolverse delante  el porvenir y goza, anticipadamente el estado de Espíritu libre”-.
10.                El ejemplo del gusano, que primeramente se arrastra por el suelo, y después, convertido en crisálida, en estado de vida latente, regresa a la existencia como espléndida mariposa, puede darnos una idea de la vida terrestre, de la que sigue a la desencarnación y de nuestra nueva vida?
-“En pequeño sí, por cuanto la comparación no es mala; empero, tened en cuenta, después, de no tomarlo a la letra, como con mucha frecuencia os sucede”-.
11.                Cuál sensación prueba el Espíritu, cuando se reconoce en el mundo de los Espíritus?
-“Según los casos: si tiene conciencia de haber hecho el mal, se encuentra todo avergonzado y doliente; si, en cambio, tuvo la oportunidad de vivir virtuosamente, experimenta la sensación de ser aliviado de un gran peso, y goza sin temor de ninguna mirada escrutadora”-.
12.                El Espíritu reencuentra a quienes ha conocido en la tierra, y que han desencarnado antes que él?
-“Sí, según el afecto que él tenía por ellos, y de acuerdo al que ellos tenían por él. Frecuentemente, de sus seres queridos, ya desencarnados, algunos vienen a recibirlo a su reingreso en la patria común, y le ayudan a despojarse del involucro material. Él,  además, reconoce a muchos otros de quienes había perdido los rastros durante su estadía en la tierra: ve aquellos que se encuentran en la dimensión espiritual, y va a visitar a quienes, aún, se encuentran encarnados”-.
13.                En caso de desencarnación por causa violenta o accidental, cuando los órganos no se encuentran aún debilitados por la edad, o por ausencia de salud, la separación del Espíritu y la cesación de la vida física acontecen al mismo tiempo?
-“En general sí: empero, en todo caso, el instante que le separa es brevísimo”-.
14.                Después de la decapitación, por ejemplo, -conserva la persona, aún por poco tiempo, la conciencia de sí misma?
-“Hasta que la vida orgánica se haya extinguido. Frecuentemente, la aprensión de la desencarnación le hace perder aquel sentimiento mucho antes del suplicio”-.
Aquí se habla de conciencia, que el ajusticiado puede tener de sí mismo como hombre, por vía de los órganos, y no ya como Espíritu. Por lo cual, parece que, si no la ha perdido antes del suplicio, puede conservarla, aún, algún breve momento después, empero, cesa, necesariamente, con la vida orgánica del cerebro, la cual cosa, todavía, no implica que el periespíritu –o alma-, se haya soltado en absoluto del cuerpo. Ocurre, más bien, lo contrario en todos los casos de desencarnación violenta, es decir, no provocada por la progresiva consumación de las fuerzas vitales, donde los ligámenes que unen el cuerpo con el periespíritu son más tenaces, lo que determina que sea más lenta la separación completa.
EL ESPÍRITU TIENE LA CONCIENCIA
15.                El Espíritu tiene conciencia de sí inmediatamente que haya dejado el cuerpo?
-“Inmediatamente no; él permanece por algún tiempo en una especie de turbación”-.
16.                Experimentan todos los Espíritus, en el mismo grado y  en igual duración, la turbación que sigue a la separación del Espíritu del cuerpo?
-“No: Esto depende de la diversidad de su elevación. El ser virtuoso se reconoce casi inmediatamente, por cuanto ya se emancipó de la materia durante la vida del cuerpo, mientras que el ser sensual, cuya conciencia no es pura, conserva más largamente la impresión de la misma”-.
17.                El conocimiento del Espiritismo tiene alguna influencia sobre la duración más o menos larga de la turbación?
-“Peso grandísimo, por cuanto el Espíritu conocía ya su futura condición; empero, más que ninguna otra cosa, abrevian esta duración una conciencia pura y la práctica del bien”-.
En el momento del traspaso todo es confuso, y el Espíritu precisa algún tiempo para reconocerse; él se encuentra aturdido, como en el estado de quien sale de un profundo sueño, que busca darse cuenta de su condición. La lucidez de las ideas y la memoria del pasado le regresan  a medida que se va borrando la influencia de la materia, de la cual se ha soltado, disipándose aquella especia de neblina que vela los pensamientos.
La duración de la turbación, que sigue a la desencarnación, es variabilísima: puede ser de alguna hora, como de varios meses o años. Es menos larga para aquellos que ya en vida se han compenetrado al estado futuro, por cuanto, apenas se encuentran allí, lo comprenden inmediatamente.
La turbación espiritual ofrece circunstancias particulares, según el carácter de las personas, y sobre todo según el género de la desencarnación. En aquellas violentas, por auto-determinación, por suplicio, por accidente, por heridas, y similares, el Espíritu es sorprendido; lleno de estupor, no cree de encontrarse en la dimensión espiritual, y lo niega con obstinación; ve su cuerpo, sabe que es el suyo y no comprende que se ha separado; va cerca de las personas que ama, les habla, y desconoce la razón por la cual no le escuchan. Esta ilusión dura hasta la perfecta separación del periespíritu. Solamente entonces el Espíritu se reconoce, y comprende que no hace más parte de los vivos, -en la dimensión física. Un fenómeno de tal naturaleza se explica fácilmente. Sorprendido, de repente, por la desencarnación, el Espíritu está aturdido por el brusco cambio que se ha efectuado en él. Él, como ordinariamente suele ocurrir, creía que la desencarnación fuese sinónimo de destrucción, de anulación: ahora, por cuanto él piensa, ve, siente, no comprende de haber desencarnado. Acrecienta el engaño el hecho de verse en un cuerpo símil al precedente en la forma, cuya naturaleza etérea él no ha tenido tiempo, aún de percibir; él lo cree sólido y compacto como el primero; y, cuando alguna cosa llama su atención sobre este punto, se maravilla de no poderse tocar. Este fenómeno es análogo al de los sonámbulos, quienes desde el principio están persuadidos de no dormir. Para ellos el sueño equivale a supresión de las facultades: ahora, por cuanto piensan libremente, y ven, están persuadidos de no dormir. Algunos Espíritus presentan esta particularidad, aunque la desencarnación no le haya tomados por sorpresa; empero, ella es más común en aquellos que, si bien con ausencia de salud, no piensan en la desencarnación. Se ve, entonces, el singular espectáculo de un Espíritu, que asiste a su funeral como al de un extraño, y discurre como de algo que no le concierne, hasta que llega a comprender la verdad.
La turbación que sigue a la desencarnación no tiene nada de penosa para la persona de bien: es serena y en todo similar a la que acompaña un plácido despertar. Para el malvado, al contrario, es plena de ansiedad y de angustia, las cuales aumentan a medida que él adquiera la cognición de sí mismo.
En los casos de desencarnación colectiva se ha observado que no todos aquellos que desencarnan conjuntamente se vuelven a ver siempre enseguida. En la turbación que sigue al traspaso, cada quien va por su propia vía, o se cuida únicamente de aquellos seres que les son más queridos.



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