miércoles, 2 de febrero de 2011

EL GENIO DE ALLAN KARDEC











EL GENIO DE ALLAN KARDEC
© GIUSEPPE ISGRÓ C.


Cómo introducción a las recientes VII Jornadas Andaluzas de Espiritismo realizadas en Almería, en Noviembre 2007, por la A.E.A. Amalia Domingo Soler, la Asociación Internacional para el Progreso del Espiritismo, llevó a cabo un Foro-Debate, previa excelente reseña biográfica del Maestro, sobre la vigencia de El libro de los Espíritus, que recién llegaba a los ciento cincuenta años de su primera edición .

La inquietud predominante de los participantes era la actualización de la obra; se plantearon, entre otras, las siguientes preguntas: 1) ¿Tenemos derechos a tocar la obra para ponerla al día con los últimos avances? 2) Si lo tuviésemos, -¿quién debería hacerlo? Se aportaron numerosas ideas y, naturalmente, nadie tiene el derecho de tocar una obra del Maestro, salvo los variados recursos –o ideas- que sugirieron varios participantes; por ejemplo: 1) Realizar una edición con notas al pies de página ampliando –o aclarando- los puntos que lo requieran. 2) Hacer una edición en español cuya traducción sea el reflejo fiel del pensamiento del maestro. Lógicamente, un tercer recurso, que valdría valuar, sería el de una o varias ediciones realizadas por estudiosos o grupos, con un análisis exegético de la obra, camino que han seguido con éxito todas aquellas corrientes de pensamiento que suelen anclarse –ad infinitum- en la doctrina de un maestro.

El comentario exegético es un recurso válido y precisa preparación amplia del realizador para que tenga valor; empero, es una tarea que puede emprenderse a nivel personal como ejercicio en la orientación de la investigación de la Doctrina Espírita, la cual podría llevarse a cabo por etapas graduales. En el Congreso Internacional celebrado en Barcelona, en 1888, se intentó algo semejante al nombrar un comité con tal finalidad.

Ahora bien, en mi opinión personal, las diversas corrientes existentes dentro del Espiritismo, deberían promover, a nivel internacional, el estudio y la investigación de la temática contenida en cada capítulo del Libro de los Espíritus y sugerir que, todos aquellos estudiosos de la Doctrina que lo deseen, escriban artículos sobre el tema respectivo y los envíen a un Centro de Recepción, que se irían publicando en un Portal Espírita, por Internet, agrupados por temas.

Esto significaría anteponer objetivos de estudios dentro de la Doctrina y le imprimirían un sentido direccional hacia donde deberían ser canalizadas la creatividad y la innovación en la obtención de los resultados anhelados.

El Comité Central, periódicamente, sintetizaría los resultados en boletines reflejando los avances; de igual manera, canalizaría una sección de preguntas y respuestas voluntarias sobre las inquietudes que a nivel internacional se vayan formulando que reflejaría, libremente, las inquietudes de los tiempos.

Igualmente, la orientación en los estudios de acuerdo con estos objetivos previamente establecidos, a nivel internacional, permitiría que las comunicaciones espirituales, dentro de cada Cátedra, aportaran enseñanzas complementarias, las cuales, previamente clasificadas, podrían ser publicadas dentro del mismo Portal y puestas de esta manera, al alcance de los estudiosos, por supuesto, esta sección podría ser de uso exclusivo para quienes estuviesen registrados.

Este proceso de estudio colectivo, podría promoverse, también, por temas en Talleres Especializados, realizándolo, por ejemplo, sobre cada capítulo del Libro de los Espíritus, tomando en cuenta, en cada caso, los aportes dados por todas las cátedras espíritas y de otras corrientes de pensamiento, así como de todos aquellos escritores –espíritas o no- que hayan escrito sobre la materia-, por cuanto, es preciso recordarlo, todo el conocimiento acumulado hasta el presente, pertenece a toda la humanidad y el Espiritista debe conocerlo todo, por cuanto, quien mejor puede hilvanar el hilo de la Gran Conversación a través de las edades es el Espiritismo y quien se avoca a su estudio.

Ahora bien, se centró la atención en El libro de los espíritus, como es natural, en el citado análisis, y ya, Gabriel Delanne, en Investigaciones sobre Mediumnídades había reflejado que otro tanto precisaba El libro de los mediums; empero, éste, sigue siendo la obra más importante sobre la materia.

Lógicamente, el mismo Maestro exhortó a mantenerse al día con los nuevos aportes de la ciencia y demás ramas del saber humano, aunque se hace necesario destacar que la Doctrina Espírita es el Gran Estudio, -completo de pos sí-, el Tahio, como decía Confucio, pero a la vez capaz de asimilar la totalidad de los aportes de todos los demás campos de investigación, pero, además, consistiendo la Doctrina una visión global del conocimiento constituiría una herramienta necesaria a todas las demás ramas del saber para resolver aquellas cuestiones que le sería imposible sin la cooperación de la Doctrina, por cuanto, cada rama de la ciencia o del saber humano constituye una parte del todo, pero el todo lo conformaría –o debería hacerlo- El Espiritismo.

y, es ahí, precisamente, donde entra en escena la más elevada expresión del Genio de Kardec, cuando comienza a aplicar la Doctrina para resolver las grandes incógnitas de la historia y percibir una perspectiva universal de la vida en la pluralidad de mundos habitados, comenzando a arrojar luces sobre la realidad histórica del Planeta, por ejemplo, cuando percibe, antes que nadie, que la raza adámica –o adamítica, como la denomina el Maestro-, es parte de una inmigración espiritual llegada de otros planetas, más adelantada que la familia originaria de la Tierra; cuando analiza la tesis de los “ángeles caídos” y percibe que son aquellos grupos de espíritus refractarios al progreso que, una vez celebrado el juicio de mayoría, en cada mundo, son apartados y conducidos a aquellas moradas más acordes con su respectivo grado evolutivo, donde, de retrógradas pasan a ser maestros, o por lo menos, desenvolverse en ambientes más afines a sus tendencias. En el siglo XX, Joaquín Trincado, precisaría que la inmigración espiritual que dio origen a la raza adámica provenía de los desterrados del planeta Neptuno, en el siglo XXXVIII antes –d.n.e-.

Es en el libro Genesis, -publicado en 1868- donde se revela el Kardec genial en un nivel superior al ya reflejado en El Libro de los Espíritus. Aquí, el Maestro comienza a percibir una realidad universal antes que ningún otro pensador en la historia y fue adecuando la Doctrina a esas inquietudes, -más las respectivas intuiciones fruto de su genio y las inspiraciones inherentes de genios análogos –desde la dimensión espiritual- co-participes en las obras; comienza a aplicarlas para ir esclareciendo los grandes enigmas de la humanidad.

Cabe una pregunta: -¿Qué habría realizado Kardec con una permanencia de “X” tiempo más en ese ciclo de vida, tomando en cuenta que, muchas de las grandes obras de los más importantes genios de la humanidad han sido escritas en edad más avanzada de la que tenía el maestro al concluirlo?

Recordemos que, el espíritu de su amigo, el Dr. Demeur, -personaje realmente admirable-, constantemente le sugería de aminorar el ritmo de su actividad, por cuanto estaba dedicado a tiempo completo a la tarea, exigiéndose al máximo nivel de su capacidad física. Pero, también le sugerían terminar cuanto antes Génesis por las importantes revelaciones que contenía.

Cabe otra pregunta: -¿Estaba preparada la humanidad de la época para recibir todo lo que el Genio de Kardec podía aportar?

Por supuesto, lo estarían las generaciones siguientes, gradualmente. Pero, cada vida da lo que cada etapa requiere y enmarcada en una época culminante de casi quince siglos de tergiversación histórica en el mundo occidental, Kardec es el pionero en la enseñanza de una realidad universal que abre nuevos horizontes para la humanidad que reflejan su verdadero destino, en el Planeta; así como, también, es el primero en hablar, en El Libro de los Espíritus, sobre el tema de la Reencarnación, la cual era conocida desde la más remota antigüedad y que, gracias a Teodosio, en el año 351 –d.n.e-., y a Justiniano, -en la primera mitad del siglo VI, -d.n.e-, -quienes, cada uno, respectivamente, envió a mejor vida, un millón de personas por creer en la Reencarnación- y por supuesto, toda esa larga etapa inquisitorial, desterraron, a sangre y fuego, esa Doctrina, de la mente de múltiples generaciones.

Kardec, explica la Reencarnación –así como una extensa cantidad de temas inherentes- mejor que nadie hasta entonces y lo hace 18 años antes de Helena P. Blavasky, fundadora de la Sociedad Teosófica, en 1875; -pero, recordemos que esta gran mujer se había alimentado, previamente, en el Espiritismo, aunque las fuentes orientales que estudió reflejan esa doctrina desde los tiempos más remotos.
Pero, Kardec, a su debido tiempo volverá en un nuevo ciclo de vida –o , muchos- para asombrar con los frutos de su genio y progreso espiritual.

Mientras tanto, la tarea es nuestra. ¿Qué estamos haciendo al respecto? ¿Qué vamos a hacer?

Kardec, es un paradigma para los anhelantes de transitar la senda evolutiva de la sabiduría, en el eterno presente.

Más cerca de nosotros, en el tiempo, se encuentra León Denis, -espíritu de amplias luces y visión universal de la Doctrina. Pero, quien mejor ha desarrollado todos los puntos de la Doctrina que comenzaban a entrever Kardec y Denis, ha sido Joaquín Trincado.

La obra de Trincado aporta elementos extraordinarios en el desarrollo de una visión universal y comprensión de los grandes enigmas de la historia y de la vida, que aún sus seguidores precisan profundizar en un mayor grado.

Empero, apenas constituyen las bases sobre las cuales elevar la construcción del Edificio completo del Espiritismo, por cuanto ni Kardec, ni Denis, ni Trincado, -ni tantos otros-, se habrían quedado allí; -¿por qué, sí, nosotros?

Las obras de estos insignes maestros –incluyendo la de Amalia Domingo Soler-, si profundizamos nuestro estudio en ellas, ofrecen aun mucho más de lo que hasta ahora les hemos desentrañado y facilitan la solución a los grandes planteamientos de la humanidad. Seamos capaces de montarnos sobre los hombros de estos gigantes para ver aún más lejos que ellos –que era su aspiración-.

Es necesario reorientar nuestra mirada a la realidad total, con perspectiva universal y realizar la tarea que las inquietudes de los tiempos traen consigo.

Es preciso emular al Kardec Genial que se supera a sí mismo en el libro Génesis más allá de El Libro de los Espíritus. En éste, sube a la cima de la montaña del Espiritismo; en aquel, observa desde esa posición privilegiada y aplica la percepción intuitiva y la inspiración de las cuales es objeto, para resolver cuestiones fundamentales de la vida y la historia en el Planeta, abriendo nuevos caminos de progreso.

Millones de personas se encuentran avocadas a la búsqueda de las enseñanzas que sólo El Espiritismo puede ofrecer en igual grado de luminosidad. ¿Cuáles son las grandes inquietudes que experimenta la gente, en todos los niveles? ¿Cuál es el mensaje que en cada situación que afronta precisa? Se requiere efectuar un balance de todas las fortalezas de la Doctrina Espírita –que en gran parte se encuentran reflejadas en el contenido de El Libro de los Espíritus, en Génesis y en otras obras de Kardec y otros maestros posteriores a él, cuyo estudio y aplicación merecen trabajo aparte-- y una síntesis de los aportes de todos los que han transitado los senderos del Espiritismo, en un curso –o varios, que era el anhelo del maestro- al alcance de todos, que sirva de guía para afrontar con éxito las pruebas de la vida y salir triunfantes –y sonrientes- en cada etapa.

Así como en el Quijote, cada nueva generación ve algo más que la que le precedió, ocurrirá lo mismo con el Libro de los Espíritus –y demás obras del Maestro Kardec-; observará cosas nuevas de acuerdo a las inquietudes de los tiempos y a la respectiva conciencia perceptiva. Pero, por encima de todo, servirá para que cada quien efectúe la conexión con los planos superiores y con la fuente suprema, el Creador, en un estudio y meditación constantes de los valores universales, en el eterno presente, siempre en un más elevado y mejor nivel de percepción y realización creadoras.

Adelante.

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